Baterías que se recargan con la humedad del agua, una alternativa ecológica
Espero que tengáis las pilas bien cargadas porque el tema va de algo relacionado. Vivimos en un mundo electrónico donde cada vez en mayor medida dependemos de las nuevas tecnologías para nuestros quehaceres diarios, personales y laborales. Lo mejor o lo peor, no lo se muy bien, es que en el futuro los pronósticos indican que la situación irá a más y que llegará un momento en que todos los aspectos de nuestra vida dependan de máquinas de enchufe.
No quiero parecer un cromañón digital ni un apocalíptico seguidor de Isaac Asimov, pero creo sinceramente que hay cosas que es mejor hacerlas con la cabeza y con las manos, sin Windows o Android de por medio.
Para que tu ordenador, tu teléfono móvil, tu tablet de última generación o tu cámara de fotos digital funcionen, necesitan de unas baterías que no parecen haber evolucionado al mismo ritmo que los dispositivos a los que alimentan. Primero fueron de plomo y ahora son de níquel u otras materiales parecidos, pero todos tienen algo en común; son altamente contaminantes.
A pesar de existir puntos específicios de reciclaje en muchas ciudades de España, la pereza, la falta de concienciación o el desinterés por todo lo que no tenga una consecuencia inmediata provoca que cada año miles de baterías y sus sustancias químicas contaminen los lechos de los ríos cercanos a los vertederos municipales.
Aunque ahora las grandes empresas multinacionales de tecnología se empeñan en convencernos de que llevan años vestidos de verde, la realidad es que hasta que las multas de las autoridades públicas no amenazaron su rentabilidad no se han puesto a trabajar en poner remedio al problema de la contaminación generada por las baterías.
Como más vale tarde que nunca, y cruzando los dedos para que todavía haya tiempo de rectificado, vamos a darles una palmadita en las espalda aunque no se lo merezcan.
Una de las últimas alternativas ecosostenibles que hemos podido conocer son unas baterías de papel desarrolladas por unos científicos portugueses. Prometo durante este artículo no soltar ningún chiste fácil sobre nuestros vecinos porque, haciendo crítica interna, ellos tienen más motivos para reírse de nosotros.
En 2008, los investigadores Elvira Fortunato y Rodrigo Martins de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad
Nueva de Lisboa (CENIMAT), consiguieron imprimir circuitos electrónicos en papel y ahora tras años de trabajo, han logrado obtener con ese mismo material baterías que pueden alimentar de energía dispositivos sencillos.
En definitiva baterías de papel y aunque esto ya puede parecer sorprendente la gran novedad es su mecanismo de recarga. Según afirman los responsables, el invento es totalmente ecológico ya que para su alimentación solo es necesaria la humedad del agua. Únicamente hay que cumplir con un requisito, que los niveles de humedad en el ambiente sean superiores al 40%. Es por tanto especialmente válido para zonas costeras o climas tropicales y su uso está centrado mayoritariamente en los terminales móviles, aunque no se descarta su aplicación en mp3, tablets o videocámaras.
Por el momento y a la espera de conocer si esto es otra fusión fria, los científicos portugueses ya trabajan en el desarrollo de una bacteria utilizando material biodegradable formado por microfibras. El objetivo final es lograr que los marcapasos puedan funcionar gracias a la propia energía de la sangre o de los fluidos coporales como el sudor, pero eso ya es otra historia.
Aunque lejos de desconfiar del ingenio de sus creadores y valorando el esfuerzo por encontrar nuevas tecnologías ecosostenibles, son ya algunas las voces críticas que se han alzado contrarias a su viavilidad. Muchas con una base científica y otros influenciados, por no decir pagados, por aquellos que están dispuestos a matar el planeta con tal de poder comprarse el ataúd más caro de todos.
Y es que han sido muchos los intentos parecidos y por el momento la batería de mi móvil sigue contaminando el mundo.
-Algas y azúcar-
En 2009 unos investigadores de la Universidad de Uppsala en Suecia aseguraron haber desarrollado unas baterías utilizando como material principal las algas marinas. Concretamente la cladophora (en inglés), un tipo de alga muy común en aquellas aguas cuya estructura está formada básicamente por celulosa.
Según afirmaron utlizando la celulosa como recubrimiento y con una fina capa de polímero conductor, lograron producir la batería con un peso muy inferior a los convencionales y una reducción importante en el tiempo de carga, además de ser 100% respetuosa con el medio ambiente.
Las conclusiones del estudio fueron publicadas por varias revistas científicas de prestigio, alabando sus resultados, pero la realidad es que hoy, dos años después, nada más se sabe del proyecto. Las algas se comen y lo único que alimentan, eso dicen, es nuestro organismo.
Más esperanza había con el azúcar. Sony estaba detrás del proyecto y algunos quisieron ver en el prestigio de la marca una garantía de supervivencia. Sus investigadores consiguieron en 2008 desarrollar una célula de biocombustible que utilizaba encimas para descomponer los azúcares y producir la energía eléctrica suficiente para alimentar pequeños dispositivos.
Con la ayuda de un mediador químico que aceleraba la transferencia de electrones, y un diseño específico del ánodo y el
cátodo, los responsables lograron obtener la potencia deseada.
Con apenas cuatro de estas células conectadas entre sí producían hasta 100 milésimos de Waltt, o lo que es lo mismo, energía suficiente para hacer funcionar un MP3. La multinacional japonesa presentó el proyecto ante la prensa e incluso se fabricaron una completa gama de productos.
Adam Heller, profesor de bioelectroquímica de la Universidad de Texas declaró que “la investigación provocaría que el desarrollo de células de energía basadas en biocarburantes fuera una realidad” y quizás hablaba con unos cuentos billetes metidos en el bolsillo, porque como ya sucediera con las algas y a no ser que yo esté mal informado, el azúcar de momento, para el café.

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