Energía eólica bajo el mar
Mientras que el mundo esnifa las gotas de petróleo como el yonki consciente de su penúltima raya, con el otro agujero de la nariz lleva años olisqueando por tierra, mar y aire nuevos tipos de droga que sustenten un estilo de vida, esta vez muho más saludable.
Y es que no parece que ni el elevado precio del crudo, ni la inestabilidad política que termina en muchos casos con muertos por delante, haya funcionado como mecanismo de desintoxicación.
Y que nadie se engañe porque aunque Don Quijote tuviera batalla al pasear por las costas de Cádiz, la inversión en energías renovables es aquí y más alla de nuestras fronteras todavía muy escasa.
Su eficacia demostrada no es suficiente. Tampoco el respeto al medio ambiente y ni siquiera su papel como actor relevante para la creación de puestos trabajaos y motor de la economía, en sustitución de otras industrias más volátiles sustentados en ladrillos derribados por la crisis económica.
Los diferentes Gobiernos se justifican alegando que los costes de producción de las llamadas energías renovables son todavía demasiado altos, a pesar de que a la larga la inversión realizada se recupera con creces.
Los señores del petróleo continúan ejerciendo su tiranía del oro negro y no están dispuestos a ceder hasta que el último pozo quede complétamente seco. Afortunadamente los esfuerzos no solo vienen de una parte, y es que aquellos que si apuestan por un cambio radical de los sistemas y estructuras energéticas también trabajan con paso firme y sin descanso.
Según las estadísticas, la energía eólica es la fuente de producción energética limpia con mayores posibilidades, pero el elevado desembolso económico que supone su puesta en marcha ha frenado de forma radical la consecución de diversos proyectos relacionados.
Investigadores de todo el mundo aúnan esfuerzos para rebajar los costes, experimentando para ello con nuevos materiales y
estructuras que consigan mantener los altos niveles de producción exigidos por empresas y Gobiernos.
En esta línea, la Universidad de Nottingham ha presentado recientemente un novedoso sistema de generación eólica más barato que el resto de las propuestas que existen actualmente en el mercado.
Se trata de una estructura de instalación marina formada por bombas de aire, bolsas de almacenamiento ancladas en el fondo del mar y una serie de turbinas eólicas de mayor tamaño que las convencionales.
El proyecto es el resultado de un intenso trabajo que comenzó allá por 2006, bajo el paraguas del Sistema Integrado de Aire Comprimido y Energías Renovables (ICARE), que cuenta con el respaldo del Gobierno británico. Para la consecución de la iniciativa la Universidad de Nottingham ha puesto en marcha la empresa Nimrod Energy LTD, dirigida por el profesor Seamus Garvey que fue desde sus inicios uno de los grandes valedores de esto nuevo sistema.
Según Garvey, el secreto se halla en el tamaño de las turbinas, de hasta 230 metros de diámetro, mucho mayor que el de sus predecesores y que consigue una mayor eficiencia en la producción energética, con además un coste considerablemente menor.
En concreto y tomando como referente los cálculos realizados por sus responsables, el sistema puede llegar a producir 1 Mwh de energía con una inversión de 10.000 libras esterlinas, una tarifa inferior a la de la energía hidroeléctrica por bombeo, hasta la fecha el sistema que se había demostrado más rentable.
Los resultados han sido difundidos a través de una nota remitida a los medios de comunicación y con la publicación de los mismos en diversas revistas especializadas como el Science Daily, que ya han mostrado su apoyo incondicional.
Además, la empresa EON se ha sumado al proyecto con la inversión de un montante económico que asciende a unos 300.000 euros, además de las infraestructuras necesarias para llevar a cabo las pruebas, en cuya primera fase ya se están realizando.
A pesar de que todavía resta mucho trabajo por delante, las perspectivas de futuro son de gran calado y en el horizonte está la “conquista” de los terrenos del imperio británico. La idea de Nimrod Energy LTD es la de instalar el sistema en toda la costa del Reino Unido en un plazo máximo de 15 años, generando el 25% de la energía eólica marina.
De lo contrario, según afirma Seamus Garvey, el país deberá afrontar a partir del año 2020 un desembolso de 10.000 libras al año para suplir la falta de producción interna y paliar las consecuencias de la escasez de reservas de combustibles fósiles.
Si bien es cierto que al tratarse de la casta política ni la palabra escrita es del todo fiable, las autoridades del Reino Unido han mostrado su comprimiso y apoyo financiero al trabajo de Garvey, cediendo además zonas del litoral de uso militar para llevar a cabo las pruebas.
No solo a la isla se limita la difusión comercial y es que países como Italia o Francia ya han mostrado interés por los avances conseguidos, por lo que no se descarta su inminente exportación. Desde España por el momento no han tenido noticias. Nada nuevo bajo el sol por tanto, aunque para ser justos en nuestro país la industria de las energías renovables sigue viento en popa a toda vela, con la esperanza de no encallar en los corales de la tan temida burbuja.

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