Liropus 2000, el robot español del fondo marino
Lo que viene a continuación es prácticamente un milagro. Y es que en tiempos de crisis y en un país como éste, que no invierte en otra cosa que no sea ladrillo sobre ladrillo, el Ministerio de Ciencia e Innovación ha actuado como tal y ha invertido en una adquisición que colocará a España en la vanguardia de la investigación científica submarina.
El pasado 3 de diciembre tuvo lugar en Vigo la presentación de un robot no tripulado y de manejo a distancia que permitirá la exploración de los fondos marinos españoles, hasta una profundidad de entre 2000 y 3000 metros.
El Liropus 2000, que así se llama en referencia al crustáceo ciego que habita en las profundidades marinas de El Cachucho, frente a la costa de Avilés, es el primero de estas características que recae en manos de investigadores españoles, un dato a celebrar en un país que continúa por debajo de la media europea en inversión en I+D.
No es fútbol, no se puede entrar a vivir y no se bebe, así que para este país es una verdadera novedad que celebramos desde Ecolosfera.
El artilugio es una unidad del modelo Super Mohawk II, de la empresa
escocesa Sub-Atlantic y ha costado cerca del millón y medio de euros, pagados mayoritariamente gracias a los fondos europeos FEDER (que para eso fuimos de los pocos que aprobamos la a posteriori fallida Constitución Europea) y en menor medida por el Instituto Español de Oceanografía (IEO).
Poco importa el coste o el pagador, porque la adquisición sitúa a España en la vanguardia científica europea, concretamente en el quinto lugar, tras las grandes potencias en esta materia; Reino Unido, Francia, Alemania y Noruega. Así que ya tenemos otra cosa por la que presumir ante los italianos playeros de verano cuando se queden con la chica guapa.
El Liropus 2000 permite la toma de imágenes del fondo marino, gracias a un complejo sistema de seis cámaras, entre ellas una de alta calidad y otra de baja luminosidad, y a un potente sistema de iluminación de 17.000 lúmenes de potencia o lo que es lo mismo, 17 veces más que una bombilla de 100 vatios.
El primer vehículo español de operación remota de estas características también cuenta con unos brazos manipuladores menos invasivos que los hasta ahora conocidos, y que permitirá la recogida de muestras sin dañarlas ni mezclarlas, como sucedía con los ya obsoletos sistemas tradicionales.
Aunque algún belenista telecinquero aficionado diga; ¿y a mi qué?, las posibilidades del Liropus 2000 van mucho más allá. Actualmente las limitaciones de la ciencia sólo han permitido la investigación de aproximadamente el 10% del fondo marino, una gota en el mar que a partir de ahora ya no será tan ínfima.
A media plazo, a petición de la Comisión Europea (que para algo actúan como mecenas) la nueva adquisición de la investigación española contribuirá activamente en la definición de las áreas marinas necesitadas de una protección medioambiental, por culpa del cambio climático y la negligente inoperancia política.
En relación con la protección del fondo marino, y bajo el paraguas del proyecto INDEMARES, auspiciado por el IEO, el Liropus designará las áreas marinas españolas que formarán parte de la Red Natura 2000, que tiene como objetivo garantizar el mantenimiento de la biodiversidad y sostenibilidad de las pesquerías.
Esperemos que no sea demasiado tarde y lo que la mano del hombre se ha dedicado a estropear, la mano del hombre y el desarrollo tecnológico puedan revertir. Lo último que se pierde es la esperanza y aquí hay motivos para mantenerla, puesto de no ser así Bruselas no hubiera soltado ni un euro de sus (nuestras) arcas europeas.
Para los amantes de los calamares gigantes y los programas de Cuarto Mileno, tengo una buena y una mala noticia. La buena es que entre sus funciones también está la de buscar e identificar nuevas especies en habitats complejas hasta ahora inexploradas, y la mala es que tras las pertinentes investigaciones, Iker Jiménez ya no le podrá atribuir su creación al demonio, los OVNIs o las caras de Bélmez. Y hay razones para estar contentos, porque en la primera inmersión de prueba que sus responsables realizaron con el Liropus 2000 en la zona de El Cachucho, lograron catalogar hasta 40 nuevas especies.
A mi que los calamares gigantes me dan miedo y los pequeños arcadas, y sin despreciar los beneficios de los futuros animales a la plancha, me quedo con la parte medioambiental de este fantástico robot armado.
Como el aloe vera, las propiedades y beneficios llegarán hasta el campo del salvamento marítimo e incluso las prospecciones marinas, aunque sus responsables aseguran que en ningún caso con fines petrolíferos. Y yo que no me lo creo puesto que existe una petición de uso del Liropus para el proyecto Gran Burato, la “invasión” de un crater submarino gallego de origen gasista…y del gas al petróleo solo hay un par de jeques.
No voy a ser agorero ni especulador, que de eso ya está lleno España, y voy a
centrarme en los datos contrastados. La primera misión del Liropus 2000 tendrá lugar en junio de 2011, en un proyecto de la Universidad de Barcelona en el cabo de Creus, y en lista de espera ya hay maravillas naturales como el Cañón de Avilés, las Chimeneas del Golfo de Cádiz, el Seco de los Olivos en el mar de Alborán, el canal de Menorca, el Banco de la Concepción al norte de Canarias y los de Amanay y Banquete entre Fuerteventura y Lanzarote.
Más de 1000 palabras en un texto que sólo resume una pequeña parte de los beneficios de la que es posiblemente la mejor adquisición del Gobierno español en años y que aunque algunos no lo creean, supone un impulso para salir de la crisis mucho más efectivo que Planes E y subvenciones a la banca.
Invertir en educación, en ciencia y en investigación es la solución a los males endémicos y de ladrillo de este país y ojalá el fondo del mar sólo sea el principio para salir a la superficie.

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